Nombre: Javier Mederos Zuaznábar
Lugar de nacimiento: Colón, Matanzas, Cuba
Residencia actual: Benidorm, España

Miembro desde: 16/06/2011

 

 


Poemas incluidos en esta página:
 

- Desde la ventana.

- Bajo los árboles.

- Canción del peregrino.

- Carrusel.

- Conversación bajo la sombra.

- De cuando la ciudad inventa a un hombre y se desnuda.

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DESDE LA VENTANA 

 

 

Aquí los pasos se cierran. 

Una ventana flota sobre esta razón de ave  

que no existe. Yo únicamente 

sueño con el cansancio que ha abrazado 

los restos de esos muchachos que regalan flores 

a las novias. Aquí los pasos, las manos 

de los estudiantes que pernoctan en los parques, 

rozando sus muslos, con tristeza bajo vientres. 

Supe que todos tenían un instante y andaban 

sueltos cuando la aurora les daba una saliva 

para que los padres ignorasen la pregunta. 

Los padres son comediantes, 

olvidan que un día tropezaron las puertas 

y aniquilaron las ventanas con suspiros 

ininteligibles, a veces planeados y muchas 

veces desafiando las cosas. 

Hablar desde las ventanas 

puede hacer crecer los hombros 

y andar sueltos como animal herido 

sobre las bocas. Aquí los pasos 

de esta ciudad que ha mirado abrirse 

el horizonte con un queja tenue 

mientras los muchachos no saben  

orientarse y poco importa que los padres 

olviden que otro día también comieron 

las flores que les robó la inocencia. 

 

 

 

 

BAJO LOS ÁRBOLES 

 

 

Sobreponerse a la espera cuando unos labios aplastan las cortinas de autos que tratan de recordarnos que estamos allí contra cualquier mentira, sentados en un parque si nos interesa amar a alguien que cruce las piernas y busque despidiéndose a los pasajeros, es como rodar por las nubes y bañarse en los árboles que duermen como otro y el mismo que hemos sido. 

Se pueden seguir los cuerpos de los autos, dentro, se sabe, están desconocidos rodeados de metal que pueden cortarles el rostro si vuelven a mirar a quien ha cruzado las piernas porque nos interesa amar esa magnitud de isla que tienen las urbes sin sentirnos viajeros trepados a los árboles con una lengua de ceniza inmortal.  

Inmortal es una palabra limpia como el asfalto o sucia. Los árboles siembran eternidad en mi pecho y la gente se resiste a sacudir la misión de compartirlas. 

Siguen los autos y crecen en nuestro adiós los árboles con una inquietud reptil que se mueve armoniosamente en los edificios, tañendo sus formas y sus miedos porque alguien limpia una sábana para que parezca algo, un cuerpo que silbe, o a quien ha cruzado las piernas y sigue esperando con la cortina de autos en las manos el recuerdo de que estamos allí bajo los árboles contra cualquier mentira. 

 

 

 

 

CANCIÓN DEL PEREGRINO 

 

Es mejor pensar que estás ausente. 

Camino por las calles, 

descubro en cada una mi próxima estación, 

el susurro de tu linaje, 

mientras bato mis manos arrepentido 

sin encontrar otro lugar donde el aire me desnude. 

 

Ciudad de árboles dormidos, 

ciudad de perros que duermen, 

dame una silueta oculta, una pierna, 

una esfinge para nombrarte 

y un puente para llegar al horizonte, dame; 

soy tu sangre, 

vivo en cada estatua, en cada tarja 

que te magnifica. 

Ventana abierta de tu voz, soy 

delirando sobre las aldabas 

puesto que no tengo llaves 

para rasgar y cerrar tus inventos. 

 

Allá afuera, en el muro, 

suele confesarse tu imagen 

doliéndose en los perros 

que has inventado bajo los árboles 

para que se duerman juntos en los vergeles 

donde los autos suspiran 

el ruido infernal de su presencia. 

 

Yo también duermo en mi vigilia, 

cruzo las avenidas con una flor entre las piernas; 

todos saben que está viva, 

pero morirá a mi regreso. 

 

Estoy cansado, 

no de saltar en las burbujas de tu frente, 

sí de ser uno más entre tanta madeja  

que te ama con desfachatez 

y no te honra más que en sus ojos, 

más que en las estatuas 

y en los cementerios que atesoran 

espiraciones 

de esos amantes que fuimos 

haciendo el amor 

resguardados por las muerte. 

 

 

 

 

CARRUSEL  

 

 

Gira. 

La gente se contenta con las  estaciones 

y de vez en cuando un temblor. 

Allí están los habitantes, 

han dejado sus casas perfumadas en los árboles 

y ahora sobre un caballo abren sus piernas. 

La música ha sido simple, 

reclinan sus bocas y ríen 

carcajadas que el aire ha traído  

dormidas a esta ciudad. 

 

Un niño llora, ha perdido sus monedas, 

sabe que podrá crecer si gira. Nadie 

le presta un pedazo de arena 

para sembrar sus lágrimas. El ojo 

puede dislocarse y no ser. 

 

II 

 

¡El carrusel anuncia las miradas! 

Madre, no permitas que el ojo me cimbre 

con sus secretos, a fin de cuentas todo se mueve. 

Soy lo que inventé independientemente de los giros 

si giro hablo, si hablo vivo, si vivo muero, 

si muero puedo alcanzar la eternidad de una vuelta 

y el mundo se reirá en los caballos 

siempre buscando una ruta 

para esa gente tejida con el polvo, 

imitando un círculo para evocar la tierra. 

 

El tiempo les queda corto a los caballos 

que tropiezan con la multitud, 

cada vuelta es una feria. 

Las carcajadas se unen, allí alguien 

teme dejar su olor al desamparo de las aves. 

 

III 

 

Todos los caminos truecan la mirada: baja, sube, danza, gira.  

Te han crecido los senos mientras lloro esperándote y continúas 

pensando que las muñecas duermen. Todo fue 

invento de los padres de los padres para calmar el vuelo de  

la ignorancia. Giras, y 

a un solo tiempo se estremecen mis piernas; te han crecido  

los senos y la ciudad contenida te abre los brazos .Debería 

crecerte la memoria. 

Estoy aquí abajo. Por fin compré el ticket, pero subir es 

un desafío silencioso que nos asusta. 

Muchacha: suelo marearme de un solo beso. Sujétate fuerte a  

la crin de ese caballo, él relincha porque todos los caminos 

truecan la mirada y yo me quedo absorto, sé que puedes 

cifrar tu nombre con el vértice de los senos y giras, giras, 

giras...

 

IV 

 

La aurora cae y vuelve .El hombre que sujeta al bebito se 

escupió los pies, quiso soñar de una sola vuelta y cayó de 

bruces por la misma sensación de su torpeza. 

 

V 

 

La ciudad ríe amargamente, ella es amarga y así ríe puesto que 

todos han venido a la feria para amanecer en sus escarnios, no tienen 

nombres, vuelan en los caballos como si fueran a buscarse, como si  

se hallasen magníficos en el miedo de ser parte de esto que conozco; 

cantan. Un niño esta allí, ahora con su ticket, una lagrima 

y los cielos cerrados en cada giro. Amargarse es un oficio tan 

antiguo como la ciudad, ¿cómo reírse en estos tiempos de ausencias?, 

digamos que se siente filtrarse piedras entre las luces, música y 

el carrusel no se detiene si aún alguien finge reír y no ha tocado los 

árboles ni los perros dormidos de esta ciudad que vino tibia del abismo, 

de los pechos de esa muchacha que ha preferido sentarse en los  

corceles y girar como una almadía hasta hundirse en la sonrisa amarga  

que ha venido también a la feria a compartir con los vagos 

un sorbo de música mientras los caballos siguen girando, girando... y

husmean los perros el mismo licor que le nació dentro a esa mujer 

aferrada al mástil y el carrusel da vueltas hasta unirlo todo 

amargamente en esta ciudad que ríe la imperfección de nuestras  

existencias. 

 

 

 

CONVERSACIÓN BAJO LA SOMBRA  

 

 

1 

 

 

Tengo esta ciudad sobre mi cabeza, 

un nido trasnochado ejerciendo el misterio de las nubes, 

pero alguien sabe que he estado ausente 

sin mirar las calles hasta el fondo, 

sacando a ciegas la soledad que no dejaría detenerse, 

será mejor no decirlo. 

 

Yo escribí las fábulas del silencio 

para que no creyeran 

en el sentido de mis palabras, 

ellas estaban ansiosas por tenerme 

rajando las paredes en medio de la ciudad; 

vieron así 

que me siento a jugar bajo los árboles 

mientras todo ocurre. 

 

 

2 

 

 

Préstame la canción y un vuelo, 

el hogar vacío y un vuelo 

los amigos borrachos y un vuelo; 

construiré una ciudad sin cristales 

padeciendo en las líneas 

que se burlan de su balanceo: 

Veré si atravesando la noche 

reconciliaremos cierta belleza. 

 

Préstame un vuelo y la canción, 

un vuelo y el hogar vacío, 

un vuelo y los amigos borrachos, 

un vuelo y la ciudad con ramas: 

Cerraré el exilio de una antigua ira 

hasta volverme el aire en su lance 

allí donde la lluvia se enfría 

y yo espero otra gota. 

Ay, no sólo de sombra vive el hombre. 

 

 

3 

 

 

Cuando quise hablar me negaron la carne 

porque ya otros comenzaban su historia 

nombrándose salvadores 

no sé de que cruz altiva entre las sombras. 

 

Yo lancé un juguete 

a donde las muchachas crucificaban a los novios 

poniéndole las piernas bajo el brazo, 

sabía que estaban solas 

como si se mirasen en la muerte 

o en el lecho de la bestia 

para cambiar el sitio de sus sueños, 

por eso hablo: 

tengo una ciudad y tantos árboles como Cristo. 

 

 

4 

 

 

Un árbol puede ser un beso 

y crecer con inútil calma 

tan verde como un ajeno transeúnte 

o gris como la gente del suburbio, 

ellos ante el espejo ponen la espalda 

y respiran su voz 

entre la ruta de otro borracho; 

pero aún así 

calculan sus sueños en un trozo de papel. 

 

Dondequiera hay un árbol 

con necesidad de que se cobijen 

en su sombra. 

 

 

5 

 

 

Puedo morder tus hojas 

y adormilarme 

para conversar con los difuntos 

que alguna vez tendieron trampas 

tomados por el susto de raptar el olvido. 

 

Yo viví en esa ciudad                               -es una historia- 

que cuenta de sus hazañas 

las mismas mentiras 

que se crea el hombre. 

 

 

6 

 

 

- No hablaba de ti. 

- Escuché dormirse mis ramas. 

- Pobre, cómo puedes escuchar el silencio. 

- Igual que tú. 

- Yo no escucho, sólo sueño. 

- También se vive dormido, es una estrategia para amar algo. 

- Odio todo lo que se duerme. 

- Por qué me cantas entonces? 

- No tengo remedio, también duermo. 

 

 

 

 

DE CUANDO LA CIUDAD INVENTA A UN HOMBRE Y SE DESNUDA 

 

 

Esta es mi razón de viaje: Un pedazo de nube teje la ausencia 

y suspira donde he nacido. Sé que padezco el insomnio de los  

suicidas pero mi cuerpo me ha dado la clave de no estar 

a la sombra de este emporio pescando hormigas como quien 

tortura un sueño. Ayer conversé con una mujer que había compartido 

las calles al confundirlas con su ropa interior y es que estas  

calles son atavíos de mujer calados por la prisa 

mientras un pedazo de nube teje la ausencia de los 

perros trasnochados producidos por un grito. 

-¿Quién ha gritado? 

Suelo confundir el grito de esta mujer 

con su orgasmo de venta torcida y mi justicia de 

peregrino al aburrirme de estar tan solo o tan acompañado 

de mi ausencia... estoy ausente de mí cada vez que miro

como el tiempo empaña mi ventana trémula por 

donde han transitado las esposas de mis vecinos mostrando los 

pechos a la ciudad que succiono indiferente, 

ellas saben también de ausencias (como la de ayer) 

por eso no llorarán mi partida porque nunca existí más que  

en sus letargos (y el mío) danzando acompasadamente 

según el pulso de mi sangre, o a sugerencia de 

sus gritos. 

-¿Por qué gritan? 

ha de ser por el orgasmo nuestro de cada fuga y la torpeza 

de contemplar la ciudad a través de la ventana recóndita 

de mi cuarto lamiendo los pechos con despreocupación. 

Ellas como la ventana saben que esta  

es mi razón de viaje: Una nube teje la ausencia; 

y los perros trasnochados se ocultan. 

-¡Lloverá! 

 

II 

 

Conozco esta parte de ti, allí te inventaron un mar, también  

creí que el mar existía por eso de bañarse desnudo y   

ocultar la ropa lo mejor posible, por eso de parafrasearme con 

los turistas convocados por la pasión erótica de nuestra sangre, 

por eso de amarte desenfadadamente y escribirte 

versos que posiblemente a nadie les importe. 

Ciudad mía, hemos estado tanto tiempo juntos y el mar 

nos ha engañado, solo una vez su espuma nos rozó los 

pies cuando levitamos al conocer nuestros pudores, nadie 

ha entrado a ese lugar, ni arquitectos, ni turistas, ni 

historiadores, ni los muertos que siempre están donde no los 

llaman. Solo tú y yo  sabemos cuando una hoja cae y el árbol ríe, 

solo tú y yo sabemos cuando el viento te rasga 

y yo me oculto tras él con una muchacha para decirle 

poemas que otros escriben,  y el viento y tú son uno 

la muchacha y yo somos otros,  y el poema conviértase 

en plagio descarnado de nuestra realidad. 

A veces quisiera plagiar a los poetas, a los más conocidos 

porque ellos no supieron que escribirían para nosotros, 

detener su fama (eso no me importa) clavarla en este  

muro que te limita con el resto del mundo... 

 

- Cierran la puerta. 

No se han dado cuenta, estoy fuera. Llevo conmigo un bolso 

cargado con arena inventada, un vaso con el mar inventado, 

tu resuello, dejo las muchachas, las esposas de los vecinos, 

la taberna, los muchachos del barrio... también llevo

un libro de poetas conocidos, los plagiaré en algún lugar 

para ti sin que se percaten (porque todo está dicho), 

andaré como siempre con mi ropa de viaje hasta que me  

enamore de otra ciudad con árboles desnudos para  

nombrarte con nostalgia 

- Adiós. 

- No te atrevas. 

- La vida es redonda 

- Mejor sería triangular 

- Lloraré. 

- ¡Cursilería! 

- “Me has domesticado”                    

En los muros de la ciudad se sientan los peregrinos,   

tuve una ventana y el ansia de tocar el horizonte...

 

III 

 

Dormiremos en la cumbre cuando llegue el invierno. Me  voy, ciudad, 

con un solo pétalo de tu añoranza; me perderé entre los brazos 

de quien se ha ausentado al mover mis pies. Tengo una imagen 

sin embargo alguien se adelantó a poner la luz sin 

extraviarse... No me despido, sé que me han prestado un vuelo

carísimo y un invierno para evocarte en tu magnitud 

de hembra tatuada por dementes y borrachos. Ayer mientras 

comía un poco de tu polvo, entró el aire por la ventana 

y susurró: “duerme tranquilo allá arriba, cuando llegue el  

invierno la ciudad estará contigo, tragarás un árbol 

y podrás ver a los perros...”

 

Siento el temor de no haberte amado mucho .Quizás una 

estatua me golpee mientras te escriba y encuentre mujeres 

nuevas, caras nuevas, amigos nuevos, borrachos nuevos, 

dementes nuevos y nuevos difuntos de esos que se burlan 

fantásticamente con una mueca. 

Dormiremos en la cumbre y nadie sospechará que hemos compartido  

las mismas piedras, los sueños, ¡ay! Lo sueños también  

se duermen...

 



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